Bueno, todo tiene un principio y el mio se llama Vespino...
Allá en el año 86, cuando era un niño, mi padre, que tambien tuvo alguna moto en su juventud, trajo a casa ese vespino rojo que me volvió loco... Yo no tenia ni altura ni peso para arrancarla, pero tenía claro que cuando mi padre me la arrancaba (yo ya le había llenado el deposito) hasta que no se vaciara el mismo no me bajaba (o me cayera!).
Por aquellos años, ni internet, ni eurosport ni nada parecido, además de que las revistas nacionales (adicto desde que tengo conocimiento a ellas) no trataban muchos temas de fuera de nuestras fronteras, pero aún así, descubrí el motociclismo que me gustaba: El Dirt track.
Mis amigos decían que estaba loco, irme a una explanada lisa con el vespino, con ruedas lisas (y estrechas!) poner dos piedras y darle al óvalo... Pero no os imagináis lo que aprendí con ello. De ahí a hacer caminos a todo lo que daba el vespinillo solo hubo un paso.
Pero un dia, descubrí abandonado... Un circuito de Karting!!!! (dudo que exista ya con el boom de construcción que hubo cuando todos sabemos)
Y empecé a practicar con mi vespino. Tardes enteras, caidas, quemaduras... y empezó el vicio de comprarle chuces a la peque. Que si neumáticos mejores, mejorar las suspensiones, mejorara frenos... y por último, darle algo mas de alegría al motor.
Descubrí con 12 años que abrirle las tripas a un motor era tan facil como poner la tele... y romperlo de tanto tocarlo también! Cilindros, cigüeñales, escapes, carburadores... todo para apenas mejorar mis cronos personales en ese afalto mugroso abandonado. Que tardes yo solito, con un crono pegado con cinta aislante al manillar!!
Con 16 añós, sin carnet, cuando estudiaba mecánica de automoción, conseguí mi primera burrilla para trastear, una Suzuki rgv 125... Y por medio de unos amigos que competían, con un mono desastroso gris, que me quedaba grande y mi casco NAVA del que todos se reían porque valía mas que mi vespino, entré por primera vez a rodar al Jarama... Ya nada sería como antes.
Lo tenía (y tengo) claro: Para correr, el circuito. Para divertirse: La carretera. Para tener disfrute total: Los caminos o un circuito de kartcross (por ejemplo el que había en Toledo o en Talavera).
Llegó mi primera moto de campo, una SWM 250 enduro, motor Rotax de admisión por válvula rotativa, una bestia que en ves de acelerador tenía on/off.
Caminos y mas caminos hasta descubrir que el dos tiempos, en campo, para mi, no me iba. Por eso pronto vino la moto que, aunque parezca mentira, mas me ha hecho disfrutar en el campo (mas bien el en óvalo), la Honda xl 200.
Si después de la SWM vino la XL 200, después de la RGV vino mi primera "gordita", la gsxr 750 del 89, agenciada a un amigo al que le hice una reparación en la misma y que pasaba por dificultades.
Y me di cuenta que mi amor por las motos tomaría dos caminos... (bigamia) el afasto y la tierra. Desde entonces, siempre he tenido moto de carrterera y de campo para compaginarlas.
Fin de la primera parte.

Un cordial saludo.